• Libertad, responsabilidad, consecuencias (en Lanza, 22.01.2014)

    No es decir nada nuevo si decimos que las personas somos libres dentro de la sociedad en la que vivimos, que esa libertad la podemos administrar para aplicarla a distintos ámbitos y, en especial, a la toma de decisiones. Tomamos muchas decisiones al cabo del día, y muchas de ellas tienen que estar sometidas a la responsabilidad, porque llevan asociadas algunas consecuencias. Decidimos estar de mejor humor, o de peor humor, porque decidimos dejar que las cosas nos afecten de una forma u otra. Decidimos hablar a los demás con amabilidad o por el contrario, con resentimiento porque nos hemos sentido ofendidos, con desprecio porque creemos que nos han despreciado. Y cada una de esas decisiones necesita que seamos responsables para afrontar las consecuencias que va a tener.

    Es posible que alguno crea que hace las cosas porque no le queda otra opción o porque no tiene otras posibilidades. Aunque lo cierto es que casi siempre hay otra opción y otras posibilidades y, tan solo cada uno, asume lo que decide hacer. ¿Has decidido gritarle a alguien cercano? No es una obligación, es una decisión; incluso eres tu quien decide que lo que otro haga te “saque de tus casillas” o “te ponga de los nervios”. ¿Has decidido comer más de lo que necesitas y te conviene? No es la única opción, es la que eliges, ya que solo depende de ti decidir la cantidad que ingieres y la calidad con qué te alimentas. ¿Has decidido poner en riesgo tu salud fumando o bebiendo o consumiendo tóxicos? Es tu decisión porque, probablemente hay otras posibilidades. A pesar de que tengas un montón de razones que lo justifiquen y muchas dificultades que te hagan la vida difícil o casi insoportable; porque existe la posibilidad de que las cosas negativas te hundan o te motiven para superarte y ser mejor persona.

    Que sencillo podría llegar a ser actuar con libertad, asumir la responsabilidad de esa libertad y ser capaz de prever las consecuencias, con el fin de  ajustar esa libertad a las decisiones adecuadas. Que sencillo y que complicado a la vez, porque quizás se olvida que esa libertad la tenemos todos. Se complica cuando alguien cree que puede influir sobre las decisiones del otro o de los otros, cuando alguien cree que está por encima, porque sabe más “de la vida” o “tiene más experiencia”, o porque decide aplicar la máxima de que sus experiencias tienen que servir a los demás para aprender; y así, elimina o somete parte de la libertad de los demás. Que complicado resulta cuando alguien llega a pensar que su libertad es inmensa o infinita y no sabe ver y respetar la libertad de los demás, de manera que la invade, la elimina y no es capaz de prever las consecuencias que eso puede llegar a tener porque tampoco se responsabiliza de ellas.

    A estas alturas del artículo, cada cual habrá imaginado algún ejemplo, alguna situación en la que ocurre este conflicto, donde la libertad de acción individual exige total responsabilidad y capacidad para asumir TODAS las consecuencias posibles. Quisiera hoy relacionarlo con dos situaciones muy distintas en su naturaleza pero iguales por dolorosas en sus consecuencias; me refiero a quienes eligen salir en mal estado a una carretera o no hacer uso adecuado de las normas y acaban provocando desastres insoportables para otros. Y me refiero a quienes eligen someter la vida de otra persona porque no se ajusta a su voluntad personal y acaban matando a mujeres o a niños. No son solo datos, son vidas.

    catalinafuster.com

    Psicóloga y Coach

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *